Desde hace décadas, la supervivencia de la abeja melífera (Apis mellifera) se ha visto claramente amenazada debido a la presencia del ácaro de la varroa que fue introducido por abejas asiáticas importadas al continente europeo. Con el transcurso de los años la varroasis se ha convertido en un enemigo mortal que la abeja melifera europea en estado que la silvestre no pudo superar, sobreviviendo exclusivamente este tipo de abeja en circunstancias de control humano mediante aplicación de tratamientos específicos contra la varroasis.

Por ello, territorios de montaña, como la Cordillera Cantábrica, han visto desaparecer casi por completo las poblaciones de abejas silvestres que, al no poder ser tratadas para evitar la enfermedad, han desaparecido. Además, el paulatino abandono del medio rural y la actividad apícola, hace que sea prácticamente imposible encontrar colmenas en las zonas altas de los valles, concentrándose las que quedan en las zonas más bajas y con mejores accesos. A esto hay que añadir el hecho de que la polinización se ve dificultada en el caso de los ecosistemas de alta montaña donde predomina una orografía abrupta ya que las áreas de pecoro de las abejas (distancia máxima que se desplazan para buscar polen desde la colmena) se estiman en torno a 1,5 kilómetros alrededor de la colmena, frente a los 3 km de en relieves menos accidentados.

Este ácaro es un ectoparásito (parásitos externos), forético de la especies de abejas Apis mellifera y Apis cerana reproduciéndose en sus estadios larvales y pupales (cría abierta y operculada). Fue descrito por A. C. Oudemans en 1904. Después de 100 años se averiguó que el ácaro que atacaba Apis mellifera era diferente al descrito por Oudemans para Apis cerana.

También afecta la abeja en estado adulto viviendo en estado forético sobre ella. El ácaro absorbe la hemolinfa del insecto disminuyendo su masa corporal (peso). En estado larval es más crítico debido a que los adultos nacen con menos del 30 % de peso de un adulto no parasitado.
Puede destruir las colmenas, lo que ocurre generalmente durante el invierno.

Estos ácaros tienen ocho patas en estado adulto que terminan en ventosas, mientras en estado larval poseen seis patas. Las hembras son las que parasitan a las abejas, y son de un color castaño rojizo claro a rojizo oscuro.

Los machos son de color blanquecino amarillento, tienen menor consistencia y son mucho más pequeños que las hembras por poseer dimorfismo sexual. El cuerpo de la hembra varroa adulta está adaptado al parasitismo y a la foresia, tiene una forma elipsoidal, es deprimido dorso ventralmente. La hembra mide alrededor de 1500 µm, de ancho, lo que es muy grande para un ácaro. El macho no está adaptado al parasitismo, ya que su cuerpo es casi esférico; y mide 400 µm.

La hembra pone sus huevos en las celdas de zánganos y obreras. Ingresando a las mismas horas antes del operculado. La hembra fundadora entra a la celda de la larva que va a parasitar aproximadamente 15 horas antes de la operculación que ocurre en celdas de abeja obrera al noveno día, y en abeja zángano al décimo día. Como preferencia tendrán la celda de zángano, en virtud del mayor período de metamorfosis que tiene el macho (23 días). Pudiendo criar de 5 a 7 ácaros en una celda de zángano y de 3 a 6 en una de obrera. La fecundación de la varroa hembra se produce en el interior de la celda, una vez operculada. El primer huevo puesto por una hembra de varroa da como resultado una hembra, el segundo un macho (al ser un huevo no fecundado), y los siguientes son hembras, poniendo un huevo cada 30 horas aproximadamente. Cuando la celda es infestada con una sola hembra de varroa fundadora, el apareamiento sólo puede ocurrir entre el macho y sus hermanas, y es entonces consanguíneo.

El macho se aparea con la primera hembra tan pronto como llega a la fase adulta. El apareamiento puede ser repetido hasta 9 veces. Cuando la segunda hija llega a ser madura, el macho abandona la primera hija, para aparearse con ella. Si una tercera hija llega a ser adulta, se repite el mismo escenario.

Período de desarrollo:

  • Huevo macho 5,5 a 7 días
  • Huevo hembra 7,5 a 9 días (Fantidis, 1983)

En estado el primer síntoma es que encontramos abejas con alas deformes, que no pueden volar, de tamaño reducido, tanto en el interior como en el exterior de la colmena. El abdomen y tamaño general de estas abejas se haya reducido hasta en un tercio.

La falta de vitalidad, muerte prematura y debilitamiento de la colmena son características típicas de la enfermedad. La colmena desaparece lentamente, no quedan abejas en su interior cuando las encontramos

Causas naturales de la expansión de varroa son: El pillaje, la deriva, entrada permanente de zánganos, las manipulaciones descuidadas del apicultor en virtud que confecciona núcleos con cuadros de cría (operculados normalmente) llevando varroas de una colmena a otra. La transhumancia de colmenas es sin duda lo que expande la enfermedad por toda la geografía del país.

Causas artificiales de la expansión de varroa: Este ectoparásito se distribuye actualmente por todo el mundo, siendo actualmente cosmopolita. Sin duda el movimiento de colmenas, núcleos y reinas de un continente a otro fue la causa de su actual distribución mundial antropógena.

FUENTES: Pesidente de la cooperativa de San Miguel de Valero, Santiago Canete.

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