Cuando el apicultor, llevado por un importante crecimiento de sus colmenares y del más diminuto ganado que tiene la actividad agropecuaria, comience a pensar en generar una actividad comercial internacional enderezada a la colocación de su miel , allí tendrá que empezar por familiarizarse con lo que facilita su objetivo así como aquello que se lo complica . Podrá encontrar entonces las herramientas que le ofrece el comercio exterior para arribar a acuerdos con importadores (formas de las negociaciones, contratos, etc).

Se encontrará con serios escollos como los requerimientos de su contraparte al exterior, regateo de las condiciones de venta y las regulaciones internacionales y del país de destino de la mercadería.  Este último punto comprende las  exigencias sanitarias que han impuesto los distintos países, el CODEX, que es el código internacional que rige en materia de alimentos y las resoluciones de la Unión Europea. En el Codex y en el Código Alimentario Argentino se requieren los siguientes requisitos mínimos para la miel: humedad máxima el 18%, máximo de sacarosa 5%, azúcares invertidos mínimo 65%, diastasa mínimo 8 U.G., acidez máxima 40 ml/kg  y HMF máximo 40 mg/kg.

Además de estos parámetros básicos, debido a los excesos en la utilización de sustancias químicas y de productos veterinarios no aprobados para atender las enfermedades de la colmena u otros usos, se han puesto severas restricciones al acceso de mieles que contengan residuos de las mismas.

Dado que en la Comunidad Europea la regulación de los límites máximos residuales (LMR) de fármacos veterinarios en alimentos de origen animal (regulac. 2377/90/EC del Consejo Europeo)  no regía para el caso de la miel,  no existen entonces requerimientos comunes para los distintos países europeos por lo que varían de un estado miembro a otro y de un importador a otro.  Por otra parte, al contar con avanzadas técnicas analíticas y con laboratorios muy bien equipados, esos países pueden controlar con mayor eficacia el flujo de mieles del exterior en base a dichos modernos controles. Actualmente, el límite máximo residual para medicamentos  en la miel es de diez partes por billón, siendo un valor que solamente es detectado por equipos de avanzada tecnología. Se trata de un valor tope que en el caso por ejemplo de los nitrofuranos se reduce a una tolerancia cero. Hay que tener en cuenta que la Argentina recibió en el 2004 una alerta sanitario por la existencia de  nitrofuranos en  mieles recibidas en el Reino Unido y conforme a las reglamentaciones comunitarias una segunda alerta implicaría ya la imposibilidad de enviar miel a Europa. Como lo explicara el Sr. Frank Filodda, representante de la firma alemana Fürsten-Reform en un seminario realizado durante la feria apícola de Lavalle, Provincia de Mendoza, el valor tope citado opera como una barrera testigo, la que en el caso de hallarse vestigios de nitrofuranos que solamente se aproximasen a ese nivel, ello podría dar lugar al cierre del ingreso futuro de mieles argentinas, remarcando el criterio de la tolerancia cero. Tanto la firma mencionada como el mercado en general exige el no uso de los antibióticos (estreptomicina, sulfonamidas, tetraciclinas,etc.) pues ellos “tapan enfermedades, producen resistencia, además de aumento de la concentración del medicamento y en consecuencia, la contaminación de la miel y de la cera”.  Así fue que la UE  cerró las puertas a las mieles brasileñas: “El Gobierno no realizaba los controles sanitarios y de calidad y los técnicos no acompañaban al productor. Europa dejó de comprar miel brasileña  y es difícil que lo vuelva a hacer en el corto plazo”.

Es fundamental procurar la preservación de los mercados en los que las mieles salmantinas todavía no han dejado de ser consideradas como alimentos confiables y de buena calidad.

También para el cuidado del interés particular del productor que desee  crecer en el plano económico y en el de la calidad de su producto es ineludible la necesidad de gestar un autocontrol de las circunstancias aludidas y que trabaje con el apoyo veterinario y técnico necesario para orientar su emprendimiento hacia una cultura apícola intimamente vinculada a la naturaleza y respetuosa de él.

FUENTES:Pesidente de la Cooperativa de San Miguel de Valero, Santiago Canete.

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