La miel constituye un «alimento interno» de los tejidos epiteliales y activa la circulación superficial. Así combate la sequedad de la piel, sus imperfecciones (arrugas) e impurezas. Miel, yema de huevo y aceite de almendras son los ingredientes de un bálsamo particularmente suavizante, muy empleado en Asia. En Egipto, Grecia y Roma ya se conocían las cualidades hidratantes de la miel; formaba parte de la composición de mascarillas, tinguentos para después del baño, lociones faciales (miel diluida en leche tibial y cremas de belleza. Contra las arrugas de la cara existe una receta muy antigua que parece dar buenos resultados. Consiste en mezclar 20g de jugo de cebolla, 20 g de miel y cera blanca en pasta.
   El jabón de miel está especialmente indicado en el aseo matinal, ya que conserva la piel íirme y elástica. Para elaborarlo se mezclan en una cacerola 100 g de jabón de Marsella, cortado a tiras finas, 100 g de agua y 250 g de miel. Se calienta y se deja hervir. Se aromatiza con la esencia preferida y se coloca en moldes.
   Contra la insolación y las irritaciones cutáneas resulta un alivio eficaz la mezcla de miel, glicerina y zumo de limón.

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