La miel que se comercializa habitualmente en los supermercados y tiendas de alimentación presenta un color y una fluidez uniformes por los procesos de industrialización a los que se ha visto sometida de forma innecesaria.
   En algunas ocasiones se alimenta a las abejas con jarabes o melazas para aumentar la producción, lo que aumenta el contenido en sacarosa, pero es más pobre en otros elementos que conforman el néctar de las flores.
   El líquido se puede hacer ambarino y trasparente filtrando la miel, lo que no deja pasar gran parte de sus fermentos y vitaminas. La miel industrializada es más pálida y fluida, pero tampoco sirve como criterio de calidad comprar una que sea más espesa y oscura. Por eso, lo mejor es tener la certeza de su origen artesano.
   La mayoría de clases de miel de calidad suelen cristalizar a una temperatura inferior a 25ºC. Para licuarla sin que pierda sus propiedades, se debe calentar lentamente, con poco calor, puesto que numerosas sustancias nutritivas se destruyen cuando se superan los 40ºC.Sin embargo, algunas mieles industrializadas, se han sometido a temperaturas de hasta 80ºC para poder almacenarlas en grandes cantidades durante períodos prolongados.

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