Las abejas fueron en su origen avispas que abandonaron la actividad depredadora para pasar al aprovisionamiento de polen, miel y colaborar en el cuidado de las crías. Estas avispas eran capaces de ingerir néctar y recoger polen y fue  hace aproximadamente unos 100 millones de años cuando comenzaron a diverger de las verdaderas avispas predadoras.

El primer fósil en el que se aprecian estructuras propias de la recolección de polen y de su transporte al nido está datado en unos 40 millones de años, siendo la ancha pata trasera y los pelos plumosos las dos estructuras más características de estos predecesores de las abejas.

Tanto la aparición como la progresiva evolución de todos los grupos de abejas recolectoras de polen y néctar va ligada estrechamente a la aparición de las plantas con flores sobre la Tierra y a su progresión hasta constituirse en la vegetación dominante del planeta. Así se entiende que las abejas tengan aptitudes especiales para reconocer los olores, formas y colores de las flores y que éstas ofrezcan recompensas en forma de néctar y polen, con lo cual se completa la cooperación: Las abejas realizan la polinización cruzada que permite la aparición de semillas y el intercambio de material genético entre plantas distintas y a cambio obtienen los dos recursos alimenticios vitales. De estas abejas primitivas surgieron los ancestros de las abejas melíferas contemporáneas, sus parientes más cercanos como son los abejorros y abejas solitarias.

Las abejas sin aguijón o meliponas son parientes más alejados pero han convergido con las abejas melíferas en el desarrollo de una estructura social y en formar colonias permanentes. Según el registro fósil se han producido pocos cambios morfológicos entre las abejas de miel que existían hace unos 30 mill. de años y las actuales. Esto parece indicar que estas abejas vivían en colonias con un comportamiento social bien desarrollado.

 Fuente: Libro: Valero, una villa serrana en el valle de la Quilama de Jose Ignacio Díez Elcuaz.

 Las picaduras de abeja y avispas son comunes en primavera y verano, cuando hay más polen y las avispas y abejas están más activas. Son los niños quienes suelen ser los más afectados, normalmente en los pies y las manos.

La reacción habitual de una picadura es un dolor intenso en el momento, con la formación de una pápula (levantamiento rojizo de la piel con un punto central donde actuó el insecto). Puede haber edema progresivo en las 24 horas siguientes y luego una sensación de picor tremendo durante los próximos días.

Estos síntomas pueden ser muy molestos durante más tiempo si no aplicamos un remedio inmediatamente después de sufrir la picadura. Desde una simple sustracción del veneno y aplicación de barro si estamos en el campo sin mayor remedio a mano, hasta la aplicación de productos farmacéuticos diseñados para aliviar el picor o el dolor de la picadura.

Pero el verdadero problema surge cuando uno tiene alergia a la picadura de abeja porque en estos casos al no recibir el tratamiento adecuado frente a su reacción alérgica puede adquirir tal gravedad que incluso puede llegar a producir la muerte en cuestión de muy poco tiempo. Por esto es importante saber reconocer los síntomas de una posible alergia a las picaduras de abeja, y saber reaccionar a tiempo.

FISIONOMÍA DE LAS ABEJAS Y AVISPAS

ABEJAS

FISIONOMIA. Son hormigas evolucionadas. Su aguijón presenta la forma de un arpón. Su alimento es la miel.

VIDA SOCIAL. Habitan donde hay floración. Hacen los panales con cera. Son sociables. Necesitan vivir en colmenas junto a unas 30.000 más para protegerse del frío.

CONVIVENCIA CON EL HOMBRE. Se tienen que ver en peligro para llegar a picar porque, cuando clavan el aguijón, mueren inevitablemente. Los enjambres y colmenas se pueden recoger de forma ecológica. Son muy beneficiosas para los humanos en diversas aplicaciones farmacológicas.

AVISPAS

FISIONOMIA. Son hormigas primitivas y con una cintura estrecha. Su aguijón es recto. Se alimentan de abejas e insectos.

VIDA SOCIAL. Habitan cerca del agua. Fabrican las colmenas con celulosa (papel) o con barro. No son sociables. Los avisperos no albergan a más de 200.

CONVIVENCIA CON EL HOMBRE. Cuando pican, no mueren. Al ser omnívoras, comen carne. Cuando ven a alguien tumbado, le muerden con sus mandíbulas cortadoras, con la intención de llevarse un trocito de carne. Los avisperos no se pueden recoger. No ofrecen ningún beneficio para los humanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Albert Einstein aseguró que si las abejas desaparecían de la tierra la vida en el planeta estaría abocada al desastre en poco más de dos meses. La razón es bien sencilla. Las abejas cumplen una labor fundamental para la conservación del medio ambiente: Polinizan las flores y hacen crecer las plantas que generan el oxígeno. Uno de los animales más antiguos del planeta es además el productor de uno de los alimentos más deliciosos y beneficiosos para la salud de cuantos existen. La miel es un producto natural que los humanos conocen y consumen desde hace casi doscientos mil años. A este alimento mítico, rodeado de leyendas, se le atribuyen toda clase de propiedades curativas y nutritivas.

 Solo las abejas más viejas pican. Saben que su vida se acorta y dejan que las jóvenes trabajen mientras ellas defienden la colmena. Cuando una abeja pica muere. Su aguijón queda separado del cuerpo e incrustado en el cuerpo del intruso. Los apicultores están más que acostumbrados a estas picaduras. Aseguran que algunos estudios demuestran que la picadura de la abeja, más allá de su dolor, es incluso beneficiosa para la salud ya que ayuda a fortalecer el sistema inmunitario.

 

 

 

FUENTES:Apicultora de 25 años, Eva Canete Chamorro.

Las abejas, son incapaces de regular la temperatura de su cuerpo. Una abeja aislada del resto de su colonia acabará, por tanto, teniendo la temperatura propia del lugar en que se encuentre.

Es conocida de todos los apicultores la facilidad con la cual las abejas sorprendidas por la caída de la tarde en los breves días invernales quedan paralizadas apenas unos centímetros de la piquera de la colmena muriendo durante la noche. Un fenómeno que en principio no debe alarmarnos a los apicultores, dado que afecta principalmente a individuos enfermos de la colonia.

Las abejas comienzan a entrar en su estado de parálisis por debajo de los 9º si bien esta temperatura no debe ser tomada en su valor más estricto dado que es influenciada por las condiciones atmosféricas, especialmente el viento. En cualquier caso, de todos es sabido que pese a la incapacidad individual de las abejas para regular su temperatura, el nido de cría sí que permanece a una temperatura prácticamente constante de 34º-35ºC.

Las abejas elevan la temperatura del nido de cría hasta el entorno de los 35ºC. Este logro es el resultado de la producción de calor que acompaña al movimiento de los músculos torácicos, los potentes músculos que mueven las alas de las abejas durante el vuelo. Para poder realizar ese ejercicio es necesario combustible, pues todo ejercicio no es más que una combustión. En nuestro caso el combustible natural es la miel que en forma de reservas son almacenadas para el propio alimento de la colmena y para el calentamiento del nido de cría. Una abeja aislada es capaz, con el temblor de sus músculos, de elevar su temperatura corporal en forma insignificante pero suficiente para el conjunto de la colmena si consideramos el verdadero colchón térmico resultante de la agrupación densa de miles de abejas en el racimo de invernada.

El consumo de miel por día para una abeja adulta en reposo es de 4mgr, por hora para una abeja en vuelo se aproxima a unos 14mgr y por día para una larva de 26mgr.

No solo nuestros ojos tienen dificultad para percibir alguna diferencia entre dos colmenas consecutivas y no extrañe que esa dificultad sea extensiva para los ojos de nuestras abejas, moradoras de esas colmenas.

El apicultor puede hacer frente a este fenómeno haciendo uso del conocimiento que poseemos de la visión de los colores de las abejas. Si bien las abejas tienen una percepción diferente de los colores que el ojo humano, no son ciegas para los mismos, de la misma forma que tampoco perciben el contorno de los dibujos realizados en los frontales de las colmenas.

La diferencia entre la visión de los colores de las abejas y la del ojo humano reside en la capacidad de las abejas para percibir la luz ultravioleta que a nosotros nos está vedada.

El amarillo, azul, verde, blanco y rojo, aun cuando este último color no es percibido por las abejas de la misma forma que por el ojo humano, de hecho el color rojo y sus tonalidades son percibidas por las abejas como marrón o azul oscuro.

Deberá evitarse el colocar colmenas con el frontal rojo junto a colmenas con esas tonalidades.

La humedad es muy importante ya que puede afectar a la colmena. Cuanto más fría sea la zona, más humedad habrá dentro de la colmena.

Una de las prácticas que influye notablemente, es la alimentación mediante bolsas de plástico que  introducen bruscamente en el interior de la colmena una gran cantidad de agua que debe ser eliminada. En noches frías sobre todo la colmena no puede ventilar y llega a enmohecerse. Esto dificulta la vida de las abejas.

Las abejas detectan  la humedad dentro de la colmena a través de las antenas que las abejas perciben el grado de humedad y esto lo hacen con una sensibilidad tal que son capaces de detectar variaciones en la humedad relativa de apenas un 5%.

Por eso los apicultores deben evitar poner los colmenares en laderas donde haya humedad y fuertes corrientes de aire. Así como los valles con humedad en las noches de frío.

FUENTES: Apicultor de Valero, 5o años Eladio Navarro.

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